La Gracia Soberana

La Gracia Soberana

Dios envía su Espíritu Santo para que actué en las vidas de los escogidos de manera que, en forma definitiva, sin oposición y soberanamente, ocurran los cambios de muerte a vida, La Regeneración, sacándolos del estado de pecado y muerte en que están por naturaleza y llevándolos a la gracia y la salvación y sin duda crean en Jesús, iluminando de modo espiritual y salvador sus mentes, a fin de que comprendan las cosas de Dios, quitándoles el corazón de piedra y dándoles un corazón de carne renovando sus voluntades y, por su poder omnipotente, induciéndoles a querer hacer lo bueno, y llevándoles eficazmente a Jesucristo, pero de modo que acuden a él con total libertad, habiendo recibido por la gracia de Dios la disposición para hacerlo.

Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. Porque a los que Dios conoció de antemano, también los predestinó a ser transformados según la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. (Romanos 8:28-29 NVI)
A los que predestinó, también los llamó; a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó. (Romanos 8:30 NVI)

¿Y qué si Dios, queriendo mostrar su ira y dar a conocer su poder, soportó con mucha paciencia a los que eran objeto de su castigo y estaban destinados a la destrucción? ¿Qué si lo hizo para dar a conocer sus gloriosas riquezas a los que eran objeto de su misericordia, y a quienes de antemano preparó para esa gloria? Ésos somos nosotros, a quienes Dios llamó no sólo de entre los judíos sino también de entre los gentiles. (Romanos 9:22-24 NVI)
Hermanos, consideren su propio llamamiento: No muchos de ustedes son sabios, según criterios meramente humanos; ni son muchos los poderosos ni muchos los de noble cuna. Pero Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos. También escogió Dios lo más bajo y despreciado, y lo que no es nada, para anular lo que es, (1 Coríntios 1:26-28 NVI)
Ellos sufrirán el castigo de la destrucción eterna, lejos de la presencia del Señor y de la majestad de su poder, (2 Tesalonicenses 1:9 NVI)
El viento sopla por donde quiere, y lo oyes silbar, aunque ignoras de dónde viene y a dónde va. Lo mismo pasa con todo el que nace del Espíritu. (Juan 3:8 NVI)
En Cristo también fuimos hechos herederos, pues fuimos predestinados según el plan de aquel que hace todas las cosas conforme al designio de su voluntad, (Efesios 1:11 NVI)
Porque muchos son los invitados, pero pocos los escogidos.» (Mateo 22:14 NVI)
Mientras que nosotros predicamos a Cristo crucificado. Este mensaje es motivo de tropiezo para los judíos, y es locura para los gentiles, pero para los que Dios ha llamado, lo mismo judíos que gentiles, Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios. (1 Coríntios 1:23-24 NVI)
Entre ellas están incluidos también ustedes, a quienes Jesucristo ha llamado. (Romanos 1:6 NVI)
Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Jacobo, a los que son amados por Dios el Padre, guardados por Jesucristo y llamados a la salvación: (Juda 1:1 NVI)
Ciertamente les aseguro que ya viene la hora, y ha llegado ya, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. (Juan 5:25 NVI)
Delante de Dios, tal como está escrito: «Te he confirmado como padre de muchas naciones.» Así que Abraham creyó en el Dios que da vida a los muertos y que llama las cosas que no son como si ya existieran. (Romanos 4:17 NVI)
Para esto Dios los llamó por nuestro evangelio, a fin de que tengan parte en la gloria de nuestro Señor Jesucristo. (2 Tesalonicenses 2:14 NVI)
Pues ustedes han nacido de nuevo, no de simiente perecedera, sino de simiente imperecedera, mediante la palabra de Dios que vive y permanece. Porque «todo mortal es como la hierba, y toda su gloria como la flor del campo; la hierba se seca y la flor se cae, pero la palabra del Señor permanece para siempre.» Y ésta es la palabra del evangelio que se les ha anunciado a ustedes. (1 Pedro 1:23-25 NVI)
Por su propia voluntad nos hizo nacer mediante la palabra de verdad, para que fuéramos como los primeros y mejores frutos de su creación. (Santiago 1:18 NVI)
Todo el que cree que Jesús es el Cristo, ha nacido de Dios, y todo el que ama al padre, ama también a sus hijos. Así, cuando amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos, sabemos que amamos a los hijos de Dios. En esto consiste el amor a Dios: en que obedezcamos sus mandamientos. Y éstos no son difíciles de cumplir, (1 Juan 5:1-3 NVI)
A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los gentiles. De hecho, en el evangelio se revela la justicia que proviene de Dios, la cual es por fe de principio a fin, tal como está escrito: «El justo vivirá por la fe.» (Romanos 1:16-17 NVI)
Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón. (Hebreos 4:12 NVI)
—De veras te aseguro que quien no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios —dijo Jesús.
—Yo te aseguro que quien no nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios —respondió Jesús—. Lo que nace del cuerpo es cuerpo; lo que nace del Espíritu es espíritu.
El viento sopla por donde quiere, y lo oyes silbar, aunque ignoras de dónde viene y a dónde va. Lo mismo pasa con todo el que nace del Espíritu. (Juan 3:3, 5-6, 8 NVI)
Es evidente que ustedes son una carta de Cristo, expedida por nosotros, escrita no con tinta sino con el Espíritu del Dios viviente; no en tablas de piedra sino en tablas de carne, en los corazones.
Él nos ha capacitado para ser servidores de un nuevo pacto, no el de la letra sino el del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida. (2 Coríntios 3:3, 6 NVI)
Pues Dios nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestras propias obras, sino por su propia determinación y gracia. Nos concedió este favor en Cristo Jesús antes del comienzo del tiempo; y ahora lo ha revelado con la venida de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien destruyó la muerte y sacó a la luz la vida incorruptible mediante el evangelio. (2 Timoteo 1:9-10 NVI)
Fiel es Dios, quien los ha llamado a tener comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor. (1 Coríntios 1:9 NVI)
Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne. Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes. Vivirán en la tierra que les di a sus antepasados, y ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios. Los libraré de todas sus impurezas. Haré que tengan trigo en abundancia, y no permitiré que sufran hambre. (Ezequiel 36:26-29 NVI)
Ahora bien, Dios nos ha revelado esto por medio de su Espíritu, pues el Espíritu lo examina todo, hasta las profundidades de Dios.
Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo sino el Espíritu que procede de Dios, para que entendamos lo que por su gracia él nos ha concedido. (1 Coríntios 2:10, 12 NVI)
Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor. Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan a qué esperanza él los ha llamado, cuál es la riqueza de su gloriosa herencia entre los santos, y cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos. Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz (Efesios 1:17-19 NVI)
Pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad. (Filipenses 2:13 NVI)
Otros, que no son escogidos, aunque sean llamados por el ministerio de la Palabra y tengan algunas de las operaciones comunes del Espíritu, como no son eficazmente traídos por el Padre, no quieren ni pueden acudir verdaderamente a Cristo pues el Espíritu no los ha sacado de su muerte y ceguera espiritual y, por lo tanto, no pueden ser salvos. Mucho menos si profesan otra religión.
El enemigo de la verdad dice:
“El Espíritu llama internamente a todos aquellos que son llamados externamente por la invitación del Evangelio. El Espíritu no puede regenerar al pecador hasta que este crea; la fe que es la contribución del hombre a su salvación, precede y hace posible el nuevo nacimiento. Por lo tanto, el libre albedrio del hombre, limita al Espíritu Santo en la aplicación de la obra redentora de Cristo. El Espíritu Santo puede atraer a Cristo solamente a aquellos que se lo permitan. Hasta que el pecador responde, el Espíritu no puede dar vida. La gracia de Dios, por lo tanto no es invencible; puede ser, y a menudo es, resistida y frustrada por el hombre”
Más Nosotros Afirmamos que:
“Además del llamamiento externo general a la salvación que se hace a todos los que oyen el evangelio, el Espíritu Santo extiende a todos los elegidos, un llamamiento interno especial que inevitablemente les trae a la salvación. El llamamiento externo que se hace a todo sin distinción puede ser y muchas veces rechazado; mientras que el llamamiento interno hecho solamente a los elegidos siempre resulta en la conversión. Por medio de este llamamiento especial el Espíritu Santo atrae irresistible y soberanamente a los pecadores a Cristo. En su obra de aplicar salvación, no esta limitada por la voluntad del hombre, pues ni depende ni coopera para que la salvación tenga éxito. Por el poder de la gracia el Espíritu Santo impulsa al pecador elegido a cooperar, a creer, a arrepentirse, a venir libremente y de su propia voluntad librada por el poder de Dios a Cristo. Entonces la Gracia de Dios es invencible y Soberana, siempre resulta en la salvación de aquellos a quienes es extendida.”

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