Epístola de Pablo a los Romanos Capitulo I: “El prometido desde el principio”

Epístola de Pablo a los Romanos
Capitulo I: “El prometido desde el principio”

que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos, (Romanos 1:2-4 RVR1960)

Profetizado en las santas Escrituras:
Hechos 24:14 declara que la ley y los profetas hablan de Cristo, los judíos acusaban a Pablo por enseñar doctrinas no basadas en la Ley y los profetas, un mensaje nuevo y revolucionado.
Hubo docenas de profecías en el Antiguo Testamento sobre el Mesías, aunque algunos de esos pasajes no hayan sido reconocidos como tales cuando fueron escritos, como los que dicen que  el Cristo seria Nazareno (Lc. 2:39; Is. 11:1), o que iba a huir a Egipto (Os. 11:1). En cambio hay otras profecías que solo se podían referir al Mesías.
Nacido de mujer (Gn. 3:15; Gal. 4:4)
Nacido de una virgen (Is. 7:14; Mt. 1:21)
Seria cortado y se le quitaría la vida al Mesías (Dn. 9:24-26)
De la simiente de Abraham (Gn. 12:1-2; 22:18; Mt. 1:1; Ga. 3:16)
De la tribu de Judá (Gn. 49:10; Lc. 3:23-33; Heb. 7:14)
De la casa de David (2 S. 7:12; Mt. 1:21)
Nacería en Belén (Mi. 5:2; Mt. 2:1; Lc. 2:4-7)
Ungido por el Espíritu Santo (Is. 11:2; Mt. 3:16-17)
Precedido por el mensajero del Señor (Is. 40:3; Mal. 3:1; Mt. 3:1-2)
Obraría prodigios (Is. 35:5-6; Mt. 9:35)
Limpiaría el templo (Mal. 3:1; Mt. 21:12)
Rechazado por los judíos (Sal. 118:22; 1 P. 2:7)
Murió de una manera humillante (Sal. 22; Is. 53)
Rechazo (Is. 53:3; Jn. 1:10-11; 7:5,48)
Guardo silencio ante sus acusadores (Is. 53:7; Mt. 27:12-19)
Ser escarnecido (Sal. 22:7-8; Mt. 27:31)
Perforaron sus manos y sus pies (Sal. 22:16; Lc. 23:33)
Crucificado junto a ladrones (Is. 53:12; Mt. 23:43)
Ora por sus perseguidores (Is. 53:12; Lc. 23:43)
Su costado es atravesado (Zac. 12:10; Jn. 19:34)
Sepultado en la tumba de un rico (Is. 53:9; Mt. 27:57-60)
Echaron a la suerte sus vestiduras (Sal. 22:18; Jn. 19:23-24)
Se levantaría de entre los muertos (Sal. 16:10; Mr. 16:6; Hch. 2:31)
Asciende al cielo (Sal. 68:18; Hch. 1:9)
Se sentaría a la diestra de Dios (Sal. 110:1; Heb. 1:3)

Jesucristo:
Agradó a Dios, en su propósito eterno, escoger y ordenar al Señor Jesús, su Hijo unigénito, conforme al pacto hecho entre ambos, para que fuera el mediador entre Dios y el hombre; profeta, sacerdote, y rey; cabeza y Salvador de la iglesia, el heredero de todas las cosas y juez del mundo; a quien dio, desde toda la eternidad, un pueblo para que fuera su simiente y para que a su tiempo lo redimiera, llamara, justificara, santificara y glorificara.
(Is. 42:1; Jn. 3:16; 1 P. 1:19; Sal. 110:4; He. 7:21,22; 1 Ti. 2:5; Hch. 3:22; He. 5:5,6; Sal. 2:6; Lc. 1:33; Ef. 1:22,23; 5:23; He. 1:2; Hch. 17:31; Ro. 8:30; Jn. 17:6; Is. 53:10; Sal. 22:30; 1 Ti. 2:6; Is. 55:4,5; 1 Co. 1:30.)
El Hijo de Dios, la segunda persona en la Santa Trinidad, siendo Dios verdadero y eterno, el resplandor de la gloria del Padre, consustancial con aquel e igual a él, que hizo el mundo, y quien sostiene y gobierna todas las cosas que ha hecho, cuando llegó la plenitud del tiempo, tomó sobre sí la naturaleza del hombre, con todas sus propiedades esenciales y con sus debilidades concomitantes, aunque sin pecado; siendo concebido por el Espíritu Santo en el vientre de la virgen María, al venir sobre ella el Espíritu Santo y cubrirla el Altísimo con su sombra; y así fue hecho de una mujer de la tribu de Judá, de la simiente de Abraham y David según las Escrituras; de manera que, dos naturalezas completas, perfectas y distintas se unieron inseparablemente en una persona, pero sin conversión, composición o confusión alguna. Esta persona es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre, aunque un solo Cristo, el único mediador entre Dios y el hombre.
(Jn. 8:58; Jl. 2:32 con Ro. 10:13; Sal. 102:25 con He. 1:10; 1 P. 2:3 con Sal. 34:8; Is. 8:12,13 con 3:15; Jn. 1:1; 5:18; 20:28; Ro. 9:5; Tit. 2:13; He. 1:8,9; Fil. 2:5,6; 2 P. 1:1; 1 Jn. 5:20; Gá. 4:4; He. 10:5)
En el huerto del Edén. Dios se enfrenta a la pareja desobediente y a la serpiente que engaño a Eva:
“Hare que tu (Satanás) y la mujer sean enemigos, lo mismo que tu descendencia (los hijos de tinieblas) y su descendencia (los hijos de luz). Su descendencia (Jesús) te aplastara la cabeza (una herida de muerte) y u le morderás el talón (una herida de la que Jesús se recuperara por su resurrección)”   Génesis 3:15
Dios maldice a la serpiente, pero a Adán y a Eva les da una promesa de salvación. Siglos más tarde Dios de nuevo llega a otra pareja. A María (Ver Lc. 3:23-38), descendiente de Eva y  José (Ver Mat. 1) descendiente de Adán y les da una promesa:
“Llamaras su nombre Jesús, porque el salvara a su pueblo de sus pecados”
 Mateo 1:21

El Dios eterno, tierno y compasivo, paciente y grande en amor y verdad, que por mil generaciones se manifiesta fiel en su amor y perdona la maldad, la rebeldía y el pecado (Ex. 34:6), envía a Jesucristo, su Hijo unigénito, para salvarnos de nuestros pecados.
El nombre de Jesús significa “Salvador”, esa salvación, ese rescate por los perdidos, esa vida eterna es lo que  estudia la “soteriología” del griego “soterion” que significa rescate, liberación, seguridad, entrega, salida.


Meditemos…
Cristo fue prometido en las Escrituras, desde génesis 3 después de la caída del hombre por su rebeldía y desobediencia, el Dios tardo en ira y grande en misericordia le promete a la Mujer que uno de su descendencia mataría a la serpiente antigua, y también que esta serpiente lo herirá pero se recuperaría.
Desde ese instante Dios le reafirmaba esta promesa a sus Santos Profetas revelando cada ves más su plan redentor y su futuro reino. Aunque había profecías explícitas, había  también profecías con Tipos de Cristo como las fiestas judías, las ceremonias sacerdotales  y la forma de expiar el pecado del pueblo.
El Señor dijo que el Cristo vendría de la línea de David, y después del cautiverio en Babilonia esta promesa traía una esperanza de que el reino regresaría y este sería eterno. Cuando el Verbo de Dios se hizo carne, los judíos seguían esperando una restauración política. Y al ver a Cristo no  estableciendo un reinado terrenal y al predecir que el moriría, Ellos los desconocieron como Mesías y lo crucificaron, pero como esta Escrito: no dejaras que tu santo vea corrupción, entonces Jesús el Cristo resucita el tercer día.
El profeta Isaías profetizo este sacrificio de manera específica en el capítulo 53, y aunque este escrito era leído en las sinagogas, no entendieron lo que sucedía. Cristo cumplió muchas profecías al pie de la letra, las profecías faltantes se cumplirán en su venida, el reinado milenial, el juicio y la eternidad.
Todas las profecías y promesas dan seguridad al creyente de que Jesús es el Cristo, y que aunque se levanten falsos cristos (Mt. 24) el creyente será firme en su fe.

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