Batallas Barbaras

Una gran prueba pase por esos días, alrededor del mes de febrero, mi padre tomando de puso muy violento con mi mama y con nosotros, gracias a Dios llegaron mis tíos y nos sacaron de la casa. Vivimos unos días con mi tía, después regresamos a vivir con mi papa, pero nos pidieron la casa y tuvimos que dejarla. Nos cambiamos a casa de mi abuelita, y ahí llevamos todas nuestras cosas.

Cambiarse de casa a una ciudad muy peligrosa, todo se me complicaba desde ir a la universidad hasta ir a la Iglesia, y para ir a tomar el camión tenía el riesgo de ser asaltado. Tenía también la oportunidad de irme a vivir con mi tía, a un municipio más cercano a mi escuela y a la universidad, un municipio más seguro y más cómodo de transporte, pero a pesar de eso me dolería no estar con mi familia y para mi es muy importante estar con ellos.

En ese momento Dios me había dejado en un lugar sin comodidades y con necesidad de Él, para así sólo depender de Él y su providencia. Mi oración fue esta: “¿Oh Señor porque llevas a tu siervo al desierto, a las montañas, para probar su fe en Ti? ¿Me prometes Señor abundante gracia y fe para atravesar hasta llegar a la tierra donde fluye leche y miel? Perdón Dios sí hay mal agradecimiento en mi, porque se que esta es respuesta a la oración de que cambies mi corazón y que mi madre y hermana puedan dormir tranquilas. Señor mi alma clama para que obres y me asemejes a Jesucristo, no me abandones cuando más te necesito, protege el hogar de tus escogidos, libranos de las manos de los Egipcios y de los hijos de Babilonia que buscan sólo hacer mal al inocente. Con tu justicia rodeanos y que tus brazos nos den del calor diario, que el aceite abunde en nuestras vasijas, perdónanos Señor ten piedad de nosotros.”

Mi padre vivía sólo en la colonia en un pequeño cuarto. El Señor puso circunstancias como la escuela de mi hermana, para hacernos volver a aquella colonia de la cual salimos, no le permitieron cambiarse de escuela y tenía que acabar su ciclo en su escuela originaria. Nos regresamos a vivir con él, en un cuarto con un solo colchón en el suelo, sin televisión, ni refrigerador, ni horno de microondas. Mi papá aún no se arrepentía de su alcoholismo, pero intentó dejar el alcohol y consiguió no tomar por dos semanas, pero después volvió a la depresión.  En estos días el Señor encendió de nuevo su fuego y me consumió su amor.

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