Antigüedad Tardía
Al yo ir en la secundaria me di cuenta que al pasar cada año más de vida, dada por Dios, yo me corrompía cada vez más. Desgastando cada aliento en las concupiscencias del mundo, en vez de dar gloria a Dios. Me convertí en un impío en poco tiempo, resistía a mi conciencia, luchaba contra ella y la vencí. La prueba de mi incapacidad humana no regenerada de buscar a Dios por mi mismo, de anhelar desesperadamente un Salvador y desear las delicias del Reino.
Mi corazón se llenó de avaricia anhelando tener lo que alguna vez tuve, observe a los impíos que no sufren de mal alguno, que roban y estafan y nadie los juzga en esta tierra. Observe también la vida de los artistas disfrutando de todos los placeres de este mundo, disfrutando la fama, el dinero, abundante comida, lujosas vestimentas y relaciones no permitidas por la Ley.
Al cursar el último año de secundaria, mi corrompido corazón me orillo a desear las cosas ocultas, los misterios del príncipe de este mundo y buscando servirle a cambio de los placeres de esta feria de la vanidad. Las mentiras diabólicas entraron en mi mente, voces extrañas hablaban dentro de mí, cuánta vergüenza siento al saber que caí en la trampa que yo planeaba hacer pero nadie se burla de Dios. Oh pecado tú me habías hecho tu esclavo, tu maligno tus mentiras me engañaron como engañaste a mi madre Eva, yo transgredí la Ley como mis antepasados lo han hecho y tan ciego de que mi paga era la muerte.
Los demonios me introdujeron en una ilusión, un engaño en mi mente, no tengo claro qué cosas sucedieron y que cosas me imaginaba. El propósito de vida que ellos me dieron era malgastar las bondades de Dios y pervertir las mentes de los hombres que no estaban en su depravación absoluta. Me introdujeron a libros con herejías, a una cosmovisión conspiratoria y buscando el mal del prójimo.
En mis ilusiones era un masón, unido a una sociedad oculta que buscaba la ruina del mundo y el imperio del anticristo, y los súbditos en su misión como Juan El Bautista de preparar el camino, contaminar las naciones de impiedad, derribando toda moral impuesta por Dios y teniendo una revolución moral, buscando revivir de las cenizas la inmoralidad de Sodoma y Gomorra, la opresión que se generaba en Egipto, reconstruir los desenfrenos de Babilonia, el libertinaje de la sociedad Griega y la persecución titánica de Roma. Esta monstruosidad formada por principados y potestades, usando los reinos como marionetas se oponen al Reino de Dios y a Sus siervos.
Pero no fue llevado al hecho hasta entrar a la preparatoria, esta clase de pensamientos inundaron mi mente, busqué que los hombres se corrompierán en grado sumo, busque enredarme en los ciclos sociales más importantes del colegio para tener mayor influencia. Me vestí como ellos, actúe como ellos, yo era uno de ellos, me había casado con este mundo y el volver al Camino quedo en el pasado. En la escuela vivía como sí Dios no existiera, y en la Iglesia mostraba piedad, con los familiares actuaba conforme a lo que me convenía, hipocresía de las hipocresías, yo me mofaba de los ingenuos que me creían, hijo del mentiroso, cuán merecido tenían el Jucio Santo, cuán inmerecido de algún favor divino.
A mis mentiras les llamabas “performance”, el engañar era mi comida y no podía dormir sin hacer el mal, mordía los labios y tramaba iniquidad, aunque a muchos llamaba amigos a nadie amaba sino que los inducía al desenfreno, a la pornografía, a los vicios del alcohol y el cigarro, los invitaba a las fiestas juveniles, a pensamientos lujuriosos, a contiendas, a odios y homosexualidad.
Me hundí hasta lo más profundo de la impiedad, hasta el extremo de mi carne rebosaba la iniquidad. Vivir en desenfreno, no le dije a ningún placer que no, para mi no existía lo prohibido, incapaz de negarme a la maldad, ya alejado del todo bien. Me entretenía en peliculas de terror para matar toda conciencia que aún existía, y sí llegase la oportunidad de matar a un prójimo inocente, no tener piedad y ser despiadado. Las voces me dictaba cada palabra y acción, me enseñaron los misterios de los mensajes subliminales y el llamado que cantantes, películas y series hacían sobre el nuevo orden mundial. No hay musica mundana que no sedusca al libertinaje, no existe artista mundano que no este relacionado con las potestades del maligno, toda la sociedad política infliltrada por huestes de maldad, no hay serie o película que no muestre rebeldía a Dios y a las leyes que Él impuso en la Biblia, todo conspirando la venida del anticristo y una nueva moral para un mundo podrido y sin vida. Llegue a tal dureza de corazón de odiar la predicación del pastor de mi Iglesia, lo crédulos e indefensos de mis hermanos, nunca obre mal a ningún escogido por temor al Señor.
En mi segundo año de preparatoria yo ya era un hombre mentiroso, rencoroso, desobediente a mis padres, avaricioso, hipócrita, amador de los placeres tan lujurioso que sin importar hombre o mujer sólo servían de objeto para el placer aunque me desvié más a una perversión homosexual, con mente en tinieblas, odiando todo lo bueno, deseoso hasta la médula de derramar sangre, aborrecedor de la vida y la poca felicidad que el hombre natural tiene en la vida. ¿Como esta clase de monstruo, peor que una bestia puede anhelar bien alguno y más un bien supremo, divino y excelso como el glorioso Salvador? Pues directo al abismo del infierno me dirigía, con justo juicio sin ninguna excusa que apelar. No es mi intención describir cada abominable acción que cometí en mi vida, pues esperó sea claro que sí alguien merece ir al infierno soy yo.
Mi corazón se llenó de avaricia anhelando tener lo que alguna vez tuve, observe a los impíos que no sufren de mal alguno, que roban y estafan y nadie los juzga en esta tierra. Observe también la vida de los artistas disfrutando de todos los placeres de este mundo, disfrutando la fama, el dinero, abundante comida, lujosas vestimentas y relaciones no permitidas por la Ley.
Al cursar el último año de secundaria, mi corrompido corazón me orillo a desear las cosas ocultas, los misterios del príncipe de este mundo y buscando servirle a cambio de los placeres de esta feria de la vanidad. Las mentiras diabólicas entraron en mi mente, voces extrañas hablaban dentro de mí, cuánta vergüenza siento al saber que caí en la trampa que yo planeaba hacer pero nadie se burla de Dios. Oh pecado tú me habías hecho tu esclavo, tu maligno tus mentiras me engañaron como engañaste a mi madre Eva, yo transgredí la Ley como mis antepasados lo han hecho y tan ciego de que mi paga era la muerte.
Los demonios me introdujeron en una ilusión, un engaño en mi mente, no tengo claro qué cosas sucedieron y que cosas me imaginaba. El propósito de vida que ellos me dieron era malgastar las bondades de Dios y pervertir las mentes de los hombres que no estaban en su depravación absoluta. Me introdujeron a libros con herejías, a una cosmovisión conspiratoria y buscando el mal del prójimo.
En mis ilusiones era un masón, unido a una sociedad oculta que buscaba la ruina del mundo y el imperio del anticristo, y los súbditos en su misión como Juan El Bautista de preparar el camino, contaminar las naciones de impiedad, derribando toda moral impuesta por Dios y teniendo una revolución moral, buscando revivir de las cenizas la inmoralidad de Sodoma y Gomorra, la opresión que se generaba en Egipto, reconstruir los desenfrenos de Babilonia, el libertinaje de la sociedad Griega y la persecución titánica de Roma. Esta monstruosidad formada por principados y potestades, usando los reinos como marionetas se oponen al Reino de Dios y a Sus siervos.
Pero no fue llevado al hecho hasta entrar a la preparatoria, esta clase de pensamientos inundaron mi mente, busqué que los hombres se corrompierán en grado sumo, busque enredarme en los ciclos sociales más importantes del colegio para tener mayor influencia. Me vestí como ellos, actúe como ellos, yo era uno de ellos, me había casado con este mundo y el volver al Camino quedo en el pasado. En la escuela vivía como sí Dios no existiera, y en la Iglesia mostraba piedad, con los familiares actuaba conforme a lo que me convenía, hipocresía de las hipocresías, yo me mofaba de los ingenuos que me creían, hijo del mentiroso, cuán merecido tenían el Jucio Santo, cuán inmerecido de algún favor divino.
A mis mentiras les llamabas “performance”, el engañar era mi comida y no podía dormir sin hacer el mal, mordía los labios y tramaba iniquidad, aunque a muchos llamaba amigos a nadie amaba sino que los inducía al desenfreno, a la pornografía, a los vicios del alcohol y el cigarro, los invitaba a las fiestas juveniles, a pensamientos lujuriosos, a contiendas, a odios y homosexualidad.
Me hundí hasta lo más profundo de la impiedad, hasta el extremo de mi carne rebosaba la iniquidad. Vivir en desenfreno, no le dije a ningún placer que no, para mi no existía lo prohibido, incapaz de negarme a la maldad, ya alejado del todo bien. Me entretenía en peliculas de terror para matar toda conciencia que aún existía, y sí llegase la oportunidad de matar a un prójimo inocente, no tener piedad y ser despiadado. Las voces me dictaba cada palabra y acción, me enseñaron los misterios de los mensajes subliminales y el llamado que cantantes, películas y series hacían sobre el nuevo orden mundial. No hay musica mundana que no sedusca al libertinaje, no existe artista mundano que no este relacionado con las potestades del maligno, toda la sociedad política infliltrada por huestes de maldad, no hay serie o película que no muestre rebeldía a Dios y a las leyes que Él impuso en la Biblia, todo conspirando la venida del anticristo y una nueva moral para un mundo podrido y sin vida. Llegue a tal dureza de corazón de odiar la predicación del pastor de mi Iglesia, lo crédulos e indefensos de mis hermanos, nunca obre mal a ningún escogido por temor al Señor.
En mi segundo año de preparatoria yo ya era un hombre mentiroso, rencoroso, desobediente a mis padres, avaricioso, hipócrita, amador de los placeres tan lujurioso que sin importar hombre o mujer sólo servían de objeto para el placer aunque me desvié más a una perversión homosexual, con mente en tinieblas, odiando todo lo bueno, deseoso hasta la médula de derramar sangre, aborrecedor de la vida y la poca felicidad que el hombre natural tiene en la vida. ¿Como esta clase de monstruo, peor que una bestia puede anhelar bien alguno y más un bien supremo, divino y excelso como el glorioso Salvador? Pues directo al abismo del infierno me dirigía, con justo juicio sin ninguna excusa que apelar. No es mi intención describir cada abominable acción que cometí en mi vida, pues esperó sea claro que sí alguien merece ir al infierno soy yo.
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